LA SENDA RADIANTE DE MIGUEL RECHE

Actualizado: 24 de sep de 2020

Una entrevista de Mónica Pradas.

Desde hace años vive en su casa de Inca (Mallorca). Aquí, en esta casa-taller, es donde pasa la mayor parte del tiempo imbuido de su mundo creativo, aunque se desplaza con frecuencia para disfrutar de la naturaleza y pintar al natural (Cala Figuera, entre otros, es uno de sus lugares preferidos).

La galería, junto al jardín, es un espacio amplio con la luz indirecta idónea para pintar los cuadros de mayor tamaño. El interior de la casa o el estudio de grabado, en el otro extremo del jardín, son también propicios para el ejercicio de su actividad artística.

El pintor Miguel Reche (Vélez-Rubio, Almería. 1948), está de acuerdo con la afirmación de la filósofa María Zambrano de que no se es de un lugar porque en él se haya nacido, sino porque en él se haya quedado prendada la mirada.

Miguel se siente especialmente vinculado a cuatro lugares: su Vélez-Rubio natal, ahí están sus raíces, la ciudad de Badalona (Barcelona), donde transcurrió su juventud, se formó artísticamente y donde viven gran parte de su familia y amigos, las Islas Canarias, donde residió varios años, especialmente en Fuerteventura y Lanzarote, y naturalmente Baleares, tierra esta que ama intensamente y en la que ha vivido la mayor parte de su vida (en Ibiza al principio y actualmente en Mallorca, donde reside desde el año 1985).

Barcelona, Madrid, Almería, Valencia, Bilbao, Palma de Mallorca, Weingarten (Alemania), Luxemburgo, Estocolmo o San Francisco son algunas de las ciudades en las que ha expuesto su obra.

Ama profundamente el cine y la literatura. Sus preferencias musicales son variadas –“siempre fui más de los Beatles que de los Rolling”, nos dice. Suele pintar siempre con música de fondo, frecuentemente clásica: Bach, Vivaldi, Mozart y Boccherini, entre otros.

La esencia de lo que somos cada uno tiene sus raíces en la infancia y la juventud. Háblanos de tus primeros años.

Nací en una aldea llamada Fuente Grande, en el término municipal de Vélez-Rubio (Almería). Mis padres, Juana y Miguel, agricultores, tuvieron 4 hijos: mi hermana María, mi hermano Jaime, junto a un hermano mellizo, Miguel, que desgraciadamente falleció siendo un bebé, para gran dolor de toda la familia, y ocho años más tarde vine yo al mundo y me pusieron de nombre también Miguel, como al hermanito fallecido. Es la primera vez que lo cuento en público, por lo que sorprenderá incluso a mis amigos y conocidos.

Nuestra casa estaba retirada unos dos kilómetros del centro de la aldea, por lo que mis primeros recuerdos infantiles están ligados a un ambiente bucólico y rural donde la naturaleza en todo su esplendor era protagonista. Es verdad que en general solemos recordar principalmente la parte amable de las cosas y olvidar, por ejemplo, que para ir a la escuela a mis seis años tenía que caminar diariamente los dos kilómetros que nos separaban de la aldea y naturalmente los dos respectivos de vuelta, amén de otras incomodidades que ahora nos escandalizan, pero que en aquella época eran normales.

Naturaleza en todo su esplendor, trigales, campos de amapolas, puestas de sol increíbles, noches estrelladas de una fuerza extraordinaria debido a la nitidez de la atmósfera y la inexistencia de interferencia lumínica. También los olores, a espliego, tomillo, romero, tierra recién arada, la parva en la era después de trillar en una noche cálida y estrellada…y en fin, infinidad de aromas y exuberante cromatismo, que quedaron grabados en mis más profundos registros, para siempre. Pienso que posiblemente estas vivencias propiciaron, en alguna medida, el caldo de cultivo para mi posterior vocación artística, de hecho mis primeros garabatos, antes que la escritura, fueron dibujos sobre todo lo que me rodeaba, sin ni siquiera saber que existía el oficio de pintor.

¿Cuándo y cómo te diste cuenta de que tu vocación era ser pintor?

Mi pasión por dibujar todo lo que veía ya la vivía en mis años infantiles. Cuando fui a la escuela en Fuente Grande empecé pronto a destacar en Dibujo, no en lo demás, pero sí en Dibujo. En 1957, a mis 9 años, mis padres decidieron emigrar a Barcelona, concretamente a Badalona, atraídos por su pujanza económica y pensando siempre en procurar un mejor futuro para nosotros, los tres hermanos.

En la escuela de primaria de Badalona se hicieron también evidentes mis cualidades y mi gran afición al Dibujo y la Pintura, así que por consejo de mis profesores mis padres me inscribieron en las clases de Doña Angelina Rosado, conocida pintora local. Para mí este paso fue un gran acontecimiento y recuerdo que esperaba con mucha impaciencia los dos días a la semana de las clases en su taller.

También pintaba por mi cuenta, reuniendo en poco tiempo una buena cantidad de trabajos al carboncillo y al pastel. Una amiga mostró algunos de estos dibujos a un directivo del Museo Arqueológico Municipal de Badalona, en embrión por aquel entonces, y me propusieron montar una exposición de mis dibujos en la cripta romana de dicho museo (único espacio posible, por estar el edificio aún en proyecto). Así que a los 13 años tuve la enorme satisfacción de ver colgada mi primera exposición, que por mi edad, supongo, más que por la calidad, tuvo un gran éxito, y ahí decidí definitivamente que iba a ser pintor. En este punto quiero dejar constancia de mi agradecimiento a la directiva del Museo de Badalona, especialmente al recuerdo del Director de entonces, Sr. Josep Mª Cuyàs, y al Sr. Joan Baquerisas, mi mentor, ambos fallecidos.

Viviste parte de tu juventud bajo el franquismo.

En aquel tiempo, hasta bien entrada la adolescencia o incluso después, no éramos para nada conscientes del régimen político que nos gobernaba. De hecho, nunca se hablaba de política. Estábamos más pendientes de los nuevos aires de libertad en lo estético, grandes melenas, pantalones pata elefante… y en lo musical hacían furor por entonces un grupo de melenudos procedentes de Inglaterra llamados Los Escarabajos (The Beatles), también The Rolling Stones, The Who, etc. Pero al final de los sesenta, sobre todo alrededor del 68, los aires de libertad en todos los aspectos ya se preveían imparables, aquí y en todo el mundo. Fueron tiempos muy convulsos y de grandes cambios. En política, la Revolución de los Claveles en Portugal y la caída de Allende en Chile, por poner dos ejemplos, fueron grandes revulsivos que nos hicieron

recapacitar a todos. Aquí, en España, años más tarde, fallecido el General Franco, se dio paso a la esperada transición hacia la democracia, como todos sabemos.

A mí, casi todos estos acontecimientos me cogieron a caballo entre Barcelona e Ibiza, ya que transcurrido mi servicio militar, que entonces era obligatorio, sobre el año 1972, decidí dar un cambio radical a mi vida, dejando todo para dedicarme a mi principal pasión, la pintura. Todos pensaban que estaba loco y no fue una decisión fácil ya que por aquella fecha tenía ya un puesto de trabajo seguro, como delineante, en una gran empresa.

Ibiza, donde había estado varias veces en mis vacaciones, me deslumbró por su gran belleza natural, entonces bastante virgen de la invasión irracional del cemento, como ocurrió años después. Me fascinó también el ambiente relajado, bucólico, sus típicas construcciones blancas de reminiscencias árabes, dignas de estudio e inspiración para importantes arquitectos, como el canadiense Rolph Blakstad, el catalán Lluís Sert o el alemán Erwin Broner, entre otros (a los dos últimos los conocí personalmente).

También me encantó y era fuente de inspiración el ambiente tradicional de la isla en contraste con personajes variopintos, artistas, bohemios, hippies, etc., que hacían de Ibiza una isla diferente con gran fuerza plástica y un encanto especial.

El turismo aún no era masivo, y el que había era bastante especial: escritores, artistas de cine o cantantes (era corriente ver a Ursula Andress, estrella de moda por entonces, comprando el periódico o sentada en la terraza de un café, tenía casa en Ibiza y pasaba largas temporadas, y también entre otros me crucé con Peter Ustinov, Roman Polanski, Jean-Paul Belmondo, Orson Welles o a Montserrat Caballé, ya famosa, aunque aún no la gran diva mundial que llegó a ser). Del mundo de la pintura conocí a muchos personajes, algunos de renombre internacional, no los nombraré a todos, pues los pintores en aquella época éramos “plaga” en Ibiza, pero sí quiero hablar de uno en particular, con el que coincidía muchas mañanas en el café Montesol, en el centro de la ciudad, yo sabía que era muy buen pintor, nos cruzábamos saludo y alguna vez hablamos de pintura. Años más tarde salió en la prensa internacional con grandes titulares. Era Elmyr de Hory, el mayor falsificador de obras de arte de la historia, nada menos que falsificó obras de Picasso, Cézanne, Matisse, Chagall y otros muchos, como un centenar de cuadros, algunos de ellos en los mayores museos del mundo.

Precisamente Orson Welles estuvo en la isla para realizar un reportaje sobre este tema. Años más tarde, al conceder las autoridades españolas su extradición, se suicidó disparándose un tiro en la cabeza. Le acompañaba a menudo un escritor americano hospedado en su casa, el cual al destaparse el gran escándalo supimos que se trataba de Clifford Irving, también falsificador de la autobiografía de Howard Hughes, publicada en 1972, y también con gran repercusión mundial, se cree que escribió esa falsa autobiografía durante sus estancias en la casa de su amigo Elmyr en Ibiza.

Esta suma de circunstancias me convenció de que Ibiza tenía que ser mi primer destino cuando decidí abandonar mi zona de confort, mi trabajo, familia y amigos, y emprender el trascendental cambio en mi vida, así lo sentí y así lo hice. Contaba entonces 24 años.

Explícanos los hitos más importantes de tu trayectoria académica y profesional.

Retrocedemos al año 1963. A mis 15 años pensé que había llegado la hora de tomarme más en serio mi decisión de ser pintor y para ello era indispensable contar con una buena formación académica. Elegí para ello la Escuela de Bellas Artes “Llotja”, de Barcelona, asesorado por otros pintores, pero sobre todo me atraía esta academia por los grandes maestros que habían surgido de la misma: Picasso, Miró, Nonell, Anglada Camarasa, etc. Ahí estudié durante cinco años.

Paralelamente me presenté a unas becas que anualmente ofrecía el prestigioso Real Círculo Artístico de Barcelona. Me presenté tres años y las gané por oposición las tres. Allí pude conocer personalmente a numerosos artistas de renombre, pues la beca consistía en poder asistir diariamente durante todo el año a los distintos talleres de dicha entidad, compartiendo

sesiones de trabajo con sus socios, la mayoría de ellos con gran reputación en el mundo artístico. Allí conocí a muchos artistas de renombre pero guardo especial recuerdo de Casimir Tarrassó y de Pascual Bueno, a los cuales me unió una gran amistad.

En 1975 y 1976 asistí en Luxemburgo a la “Ecole International des Arts de Luxembourg”, estudiando la técnica del grabado y otras artes gráficas.

Entre la década de los setenta y final de los ochenta viajé con frecuencia, residiendo largas temporadas en Francia, Italia, Alemania, Holanda, Austria, Luxemburgo, Canadá y desde Toronto viajé en varias ocasiones a EE. UU., principalmente a Nueva York. A casi todos estos países viajé atraído sobre todo por sus paisajes, sus grandes museos, y para conocer in situ la pintura de grandes maestros, mayormente impresionistas, a los cuales admiraba.

Me interesó mucho Holanda pues entonces era un gran admirador de Vincent Van Gogh y allí estaba la mayor parte de su obra. El espléndido museo de Van Gogh está en Amsterdam, con una colección muy importante de su obra como es natural, pero curiosamente existe otro museo no tan conocido, que yo descubrí entonces, llamado Kröller-Muller Museum, una gran mansión cerca de Arnhem, donde en mi opinión está la mejor obra de Van Gogh y quizá la mayor colección que existe de él.

Holanda me fascinó también por su paisaje, verde entre los verdes, canales por doquier, molinos, pueblecitos de ensueño, sus gentes muy amables, quizá por todo ello Holanda es el país donde más tiempo he residido aparte de España.

Desde mi primera exposición en el Museo de Badalona he realizado alrededor de un centenar dentro y fuera del territorio nacional. Entre ellas deseo destacar la exposición colectiva que tuvo lugar el año 2006 en el Museo Diocesano de Barcelona y el 2011 en el edificio Miramar de Sitges con motivo de la presentación del libro ”Encuentro con el Arte Actual”. Participaron en ella una selección de 80 artistas españoles entre los cuales tuve el honor de figurar (de los artistas seleccionados destacaban nombres como Antonio López, Eduardo Chillida, Antoni Tàpies, Miquel Barceló, Jorge Oteiza, Rafael Canogar, Eduardo Naranjo, etc.).

¿Cómo definirías tu pintura y qué temas abordas en ella?

He usado casi todas las técnicas convencionales, tanto en grabado como en dibujo o pintura, y digo “casi” porque actualmente las técnicas pueden ser infinitas, de hecho todos los materiales son válidos dependiendo del estilo o tendencia de cada artista. Cada uno se “cocina” sus propias técnicas dependiendo del resultado o efectos que pretende. Yo he sido más conservador en este aspecto, y aunque naturalmente he explorado con distintos materiales y efectos, más que nada como diversión, a la hora de expresarme formalmente, he recurrido a las técnicas convencionales: carboncillo, o distintos instrumentos de dibujo, pastel, óleo, acrílico. En las abstracciones sí que he usado con frecuencia otras técnicas mixtas.

Mi estilo ha ido evolucionando según la época, un crítico definió mi pintura en Luxemburgo como “un postimpresionismo de sello actual”. Esto fue en los años 70 y me pareció muy acertado en aquella época. Otros me han clasificado dentro del expresionismo, más o menos. La verdad es que nunca he tratado de estar alineado en ningún estilo o tendencia en particular. Siempre he seguido mi propia senda, sin sumarme a las distintas modas porque sí.

He tratado siempre de atender lo que mi instinto y mi sensibilidad me demandaba, sobre todo porque tengo muy claro, que no se puede transmitir lo que no se siente.

En 1976 el ensayista poeta y escritor Juan Bautista Bertrán decía, al final de un poema que amablemente me dedicó en su libro “El pan mío de cada día”: “Sigue Miguel, esta radiante senda, fiel a tu instinto que te lleva lejos, sin escuchar sirenas ni sofismas” y sin ser consciente de ello, observo a esta altura del camino que he seguido este consejo casi al pie de la letra.

Todas las tendencias son válidas y dignas de respeto, desde el arte primitivo hasta las formas de expresión más vanguardistas de nuestro tiempo, lo importante es ser sincero con uno mismo. Podríamos decir que el arte, con mayúsculas, ya existe en nuestro entorno, en el equilibrio del cosmos del que nosotros somos parte y en la propia naturaleza. Y es él quien nos utiliza a nosotros para dar a conocer ciertos aspectos de orden estético y espiritual, que están ahí, pero normalmente no son visibles, porque se perciben más con el sentimiento que con la vista. Y cuando uno logra conectar con esas sensaciones, llamémoslas inspiración, y transportarlas fielmente al lienzo o al soporte que sea, da exactamente igual la tendencia, técnica, o instrumento que se emplee. Con un simple lápiz o pigmento se pueden crear maravillas durante ese trance.

Mis temas son muy variados y va por épocas. Al acabar los estudios en “Llotja” casi pintaba exclusivamente figura, pues durante varios años, el desnudo, en movimiento o estático, era nuestra asignatura principal. Siempre me ha interesado el cuerpo humano, incluido el retrato, como tema. En él se dan casi todas las formas posibles de la naturaleza. Pero también la naturaleza nos proporciona grandes sensaciones, sobre todo si se pinta del natural, ya que los aromas, los sonidos, la luz, todo cuenta para poder obtener una mejor percepción del tema. Últimamente he pintado mucho paisaje, pues me encanta disfrutarlo en vivo, y también se presta para dar rienda suelta a la emoción. Siempre me he inclinado por la pintura suelta, emocional, con gran exaltación del color y la luz. La naturaleza, en su exuberancia, nos da todo esto y en mis paisajes, urbanos o no, la figura suele estar presente.

¿En qué estás trabajando ahora?

En este tiempo de confinamiento y dolor, por los terribles efectos de la pandemia, hay poco lugar para las alegrías y he vuelto a la figura para trabajar en un tema relacionado con el mundo sanitario, pues me ha impactado muchísimo, supongo que como a todos, su gran entrega y afán en salvar vidas, aún a riesgo de la suya propia. Y en ello estoy.

Será como un homenaje a todos ellos. El tema del cuadro está centrado en una escena sanitaria. Aprovecho para agradecer y felicitar también a todas las fuerzas de seguridad, ejército, bomberos, voluntarios etc., por su gran entrega y sacrificio.

Siempre trabajo en dos o tres temas, alternativamente, pero los he aparcado para centrarme en lo que siento en este momento. “Homenaje a los héroes sanitarios”.

¿Qué personas te han marcado o influenciado más como ser humano y como artista?

En principio quienes más me marcaron fueron mis padres, que dentro de su humildad supieron inculcarme principios inalterables en el tiempo.

Basándome en esos principios estoy seguro de que instintivamente me he dejado influenciar, a lo largo de mi vida, por un gran número de personas que sabían más que yo en distintas materias. Sería imposible enumerarlas a todas pues muchas me habrán influenciado sin ser yo consciente, como suele ocurrirnos a todos. Sin embargo, en la faceta artística que es la que nos ocupa, siempre recordaré con gran cariño y agradecimiento a la familia Segura de Badalona. Ramón Segura, ya fallecido, fue un buen acuarelista que desde mi corta edad siempre creyó en mí como pintor y me infundió muchos ánimos y consejos, que consolidaron más si cabía mi vocación artística y crecimiento en la misma. Su hijo era Roberto Segura, gran historietista y muy conocido por sus trabajos en la Editorial Bruguera de Barcelona, ya desaparecida pero muy importante en aquella época. Gracias a esta familia conocí por primera vez la isla de Ibiza pues tenían casa allí, y me invitaban siempre en vacaciones, donde padre e hijo y yo íbamos casi diariamente a pintar en la Ibiza idílica de entonces. Siempre los recordaré con cariño.

Antes he nombrado al poeta, ensayista y escritor Juan Bautista Bertrán. Era un sacerdote jesuita gran enamorado de la pintura y las artes, con una bibliografía amplia, una veintena de libros sobre todo de Arte. Lo conocí en una de mis primeras exposiciones en la Galería Majestic de Barcelona. Yo tenía 26 años y según me comentó le había sorprendido muy positivamente mi exposición para ser de un pintor aún muy joven. A partir de entonces no faltó a ninguna de mis exposiciones de Barcelona y otras ciudades, me incluyó en un libro de poemas titulado “El Pan mío de cada día” con un poema estupendo como todos los de él, dedicado a mi pintura. Además de apoyarme en los medios de la época y conectarme con muchas personas de su amplio círculo de amigos del arte, aquí y también en Italia. Fue una gran persona y un puntal importante en mi incipiente carrera artística. Falleció en 1985 y siempre lo recordaré con afecto.

En cuanto a qué artistas han influido en mi pintura, supongo que muchos, como suele ocurrirnos a todos los artistas, especialmente respecto de los que admiramos. De todas formas si nuestra entrega es profunda y sincera, inevitablemente siempre aflora nuestro propio mundo interior.

Nuestras obras son siempre fruto de nuestras experiencias personales en relación con el mundo que nos rodea, experiencias que al ser filtradas o procesadas por la sensibilidad y el intelecto de cada uno, el resultado siempre es distinto en cada artista, como una persona nunca es idéntica a otra. La creatividad consiste a menudo en explorar o indagar en mundos desconocidos, rompiendo incluso reglas y sistemas, pero el resultado final está siempre en concordancia con nuestra propia personalidad. Estamos destinados irremediablemente a reflejar lo que somos y lo que sentimos.

Una tiene la sensación, tras conversar con Miguel Reche, un hombre tranquilo, cordial, que otro mundo, uno en el que la ética y la estética caminen juntas, es todavía posible.


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